miércoles, 27 de marzo de 2013

Christian Bale en The Machinist (2004)


En una de las proezas actorales más especialmente encomiadas de los últimos años, Christian Bale es Reznik, un insomne lector de Dostoevsky a quien empiezan a sucederle situaciones peligrosas e incomprensibles en la fábrica donde trabaja. Para interpretar al paranoide protagonista consumido por 365 noches en vela y una culpa sostenidamente oscura e inmarcesible, el musculado (y sobresaliente) intérprete de American Psycho y Batman Begins luce el físico de un prisionero de Auschwitz o de una víctima terminal del VIH --De Niro who? Curiosamente, Jennifer Jason Leigh (a quien su rol en este filme le debe de salir tan natural después de su antológica Tralala en Last Exit to Brooklyn) lo considera su cliente predilecto, y hasta la española Aitana Sánchez-Gijón lo favorece --y su pequeño hijo parece estar conforme. El inquietante Michael Ironside también aparece en un personaje clave. Pero lo cierto es que esta psicologista producción anglo-hispana le pertenece a Bale (cuyo conmovedor tour de force alcanza un clímax de lucidez y emoción profundamente humanos), y en el apartado técnico a la sombría fotografía de cuidados colores apagados de Xavi Giménez.

lunes, 18 de marzo de 2013

Branka Katić en Crna mačka, beli mačor (1998)

Branka, más modosita, en la teleserie Big Love

Gato negro, gato blanco es una de las obras cumbre de Emir Kusturica, y probablemente también una de las mejores comedias de su década. Esta épica surrealista, desenfrenada y esperpéntica ambientada en el mundo delictivo de la gitanería serbo-croata --al igual que aquella inolvidable, traumática inmersión en el realismo mágico de los Balcanes llamada Tiempo de gitanos (1988)-- cuenta con la genialmente desbordante actuación de Srdjan Todorovic como el desmadrado gánster Dadan, una banda sonora plena de la música más festiva y exquisitamente exótica explayada en imágenes de pura imaginería felliniesca e incontinencia tremendista como poquísimas veces han turbado los sentidos desde una pantalla, y, muy especialmente, la maravillosa belleza indeleble de Branka Katić como la silvestre, milagrosa, luminosa Ida --entre otros atractivos de un título que no puede pasar desapercibido para nadie tocado por la ensoñación del celuloide.

 "Ida" y el afortunado Florijan Ajdini en una escena del film

lunes, 4 de marzo de 2013

Noah Calhoun que estás en los cielos

Sans los cisnes: Rachel McAdams (Allie) y Ryan Gosling en The Notebook

Aún recuerdo aquella biografía en E! donde A. J. Benza, Vincent Gallo y otros celebraban la singularidad de Mickey Rourke: ¿Qué habría sido de uno de los mitos actorales del cine americano de los ochentas si, en plan fatal a lo Jimmy Dean, la vida hubiese terminado al cabo de rodar The Pope of Greenwich Village (1984)? Rourke es más que un actor, como Travolta, y Gallo afirmaba que ya le gustaría a Sean Penn ser Mickey Rourke. ¿Qué tal, me pregunto ahora, si Penn hubiera muerto unas semanas antes del estreno de At Close Range (1986)? ¿Si River Phoenix hubiese caído a la salida del Viper Room de Johnny Depp a sólo horas de la premiere de Running on Empty (1988)? ¿O Depp acribillado por la policía después de destrozar su cuarto de hotel ya finalizada la fotografía principal de Don Juan DeMarco (1995), o, antes, de un prematuro ataque al corazón por lo que él consideraba la vergonzante calidad de 21 Jump Street? ¿DiCaprio demolido por una de sus habituales juergas adolescentes en plena Leomanía a causa del Titanic? ¿Si la conspicua quijada que hizo de Rob Pattinson una estrella internacional se hubiese dejado caer en la misma premiere de Twilight (2008), víctima de alguno de sus indignados críticos, insospechadamente psicótico? Alguien habría podido observar en voz alta que, a diferencia de la insólita belleza de rasgos extraños como de otro mundo de Edward Cullen, River era tanto más que una soberbia mata de cabello que es aun insultante recordarlo --un pelo el de River que era parte integral de su trabajo (y lo fue en el film de Sidney Lumet), no obstante--, e incluso Noah Calhoun resulta injustamente el verdadero héroe romántico olvidado por las veleidosas quinceañeras con sólo un lustro más de vida encima. Y entonces sí, se nos ilumina el pensamiento: el género de las chick flicks es salvaje de corazón (por algo la frase es de Tennessee Williams), sino miren, pues, a Ryan Gosling en probablemente el único gran clásico de su filmografía. The Notebook (2004) fue y es todavía y acaso siga siendo indefinidamente un gesto de auténtica rebeldía en los tiempos de una posmodernidad muy frecuentemente cínica y descreída, amén.